Discursos es un espacio de continua reflexión dirigido a algunas de las condiciones que nos componen como humanos: la vida, la muerte, la consciencia, la falta de ella, la sociedad, las emociones, los sentimientos, las sensaciones, el lenguaje, la memoria, la razón, el arte, la libertad. El discurso como construcción lingüística dotada de significado a través de las palabras será una aventura que me integre en la pluralidad del ser, es decir en la capacidad de transcurso.
viernes, 21 de enero de 2011
Walter Benjamín es el pensador de lo fragmentario, de lo particular, de lo singular, ese es su método: su carácter destructivo. El carácter destructivo no ve nada duradero, pero por eso mismo ve caminos por todas partes. donde otros tropiezan con muros o con montañas, el ve también un camino, y como lo ve por todas partes por eso tiene siempre algo que dejar en la cuneta, y no siempre con áspera violencia, a veces con violencia refinada, como por todas partes ve caminos, está siempre en la encrucijada. En ningún instante es capaz de saber lo que traerá consigo el próximo, hace escombros de lo existente, y no por los escombros mismos, sino por el camino que pasa a través de ellos: “El carácter destructivo no vive del sentimiento de que la vida es valiosa, sino del sentimiento de que el suicidio no merece la pena”.
Así fue también su vida, fragmentaria, fracasada, mísera hasta el punto de quitársela en portbou en 1940 huyendo de la persecución nazi, arrastrando su condición judía junto con una enigmática maleta negra, que valía mas que su vida enferma en una travesía donde el miedo y el desconsuelo debieron ser su compañía, ni siquiera sus buenos amigos pudieron evitarlo y eso que fue cuidado, protegido, sustentado económicamente y querido por muchos de ellos: adorno, Brecht, sospecho que todos ellos que gozaron de su persona advirtieron ya su aura., si como el propio Benjamin definiera el aura como valor estético fundamental de su reflexión, si el aura es la autenticidad de una cosa que desde su origen puede transmitirse desde su duración material hasta su testificación histórica, el pensamiento de benjamín posee un aura especial.
Benjamin flaneur, Benjamin coleccionista, benjamín aburrido que contempla el futuro como la acumulación de la ruina de la barbarie, que reconoce en su época la estupidez humana que ilumina lo no valioso, que se asombra de la moda, de la exposición universal, del progreso de la técnica hasta convertir lo humano en fantasmagoría, fetichismo de una mercancía que le oprime.
El Flaneur busca su asilo en la multitud, en ella la ciudad tan pronto es paisaje como habitación, por eso el ultimo territorio del flaneur es el gran almacén, con el flaneur la intelectualidad se dirige al mercado, y no para estudiarlo, sino para encontrar comprador, el flaneur se hace detective que persigue las huellas dejadas en el interior, también es este el fin del coleccionista. Benjamín abandona la gran historia para encontrar las huellas que el tiempo ha dejado en el interior, para descubir, al igual que el flaneure, que la individualidad mejor definida no escapa del tipo, de la categoría, lo nuevo no es más que la fantasmagoría del siempre lo mismo, por eso, como ya lo vio Baudelaire, lo único nuevo es la muerte. Lo nuevo es una cualidad independiente del valor de uso de la mercancía, por eso la moda es doña muerte.
Esta es la reflexión que benjamín concluye en su gran proyecto de los pasajes, en donde intenta mostrar como la historia no es sino otra fantasmagoría que responde a la propensión del hombre a dejar huella de su existencia individual privada en las habitaciones que habita. Encuentra su seguridad en la producción de mercancías duraderas, sin embargo en este proceso la humanidad hace el papel de condenado. La fantasmagoría iluminada en la que hemos convertido la historia de la humanidad, es un continuo empobrecimiento, es barbarie, es estupidez…
Benjamin es sobre todo el pensador de lo que nos hace idiotas, advirtiéndolo de lejos como el Ángelus Novus, el cuadro que Klee le regalara y que fue una de sus únicas propiedades:
“Hay un cuadro de Klee que se llama el Ángelus Novus, en él se representa un ángel que parece como si estuviese a punto de alejarse de algo que le tiene pasmado… sus ojos están desmesuradamente abiertos, la boca abierta y extendidas las alas. Y este deberá ser el aspecto del angel de la historia, ha vuelto el rostro hacia el pasado, donde a nosotros se nos manifiesta una cadena de datos, él ve una catástrofe única que amontona incansablemente ruina sobre ruina arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado, pero desde el paraíso sopla un huracán que se ha enredado en sus alas y que es tan fuerte que el ángel ya no puede cerrarlas, este huracán le empuja irreteniblemente hacia el futuro al cual da la espalda, mientras que los montones de ruinas crecen ante el hasta el cielo, ese huracán es lo que nosotros llamamos Progreso”…
Nos hemos hecho pobres, hemos ido entregando una porción tras otra de la herencia de la humanidad. Y quizá benjamín acepto esa pobreza e hizo, como nos recomendó, algo decoroso: borro sus huellas aunque no por completo y es su clarividencia, la fuerza de su pensamiento, su lucidez la que alumbra hoy su imagen de bárbaro, el bárbaro que tiene que comenzar desde el principio a empezar de nuevo, a apañárselas con poco, ¡que rendimiento!; ¡con que poco Benjamin nos legó tanto!... No, no borremos sus huellas, rastreémoslas como un Flaneur, conservémosla como un coleccionista, investiguémosla como un detective porque entre sus líneas hay un pensamiento salvador que puede devolvernos la humanidad que aún tenemos empeñada.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario